Chalets de Larderas

En la calle Zabalbide de Bilbao, entre los números 74 y 80, existe un pequeño conjunto de casas con más de un siglo de historia. Este barrio residencial con la denominación común de Chalets de Landeras, fue construido en un entorno rural, junto al convento de Santa Clara (donde actualmente existe la calle Santa Clara) y rodeada de huertas y caseríos. Se situaba frente al Colegio de las Adoratrices, y actualmente frente a la boca del metro de Santutxu, salida Zabalbide.

Formaban parte de su entorno la fábrica de órganos, las campas junto a las casas de Echevarría, construidas para sus trabajadores, la tienda de Nardo donde se vendían comestibles al por menor, la bodega de Dominga, el Bar Segun en la esquina frente a la Telefónica y las escaleras que bajan a Iturribide. También se encontraba la tienda de Panchique, situada frente al Colegio de Nuestra Señora de Begoña, en cuyos muros amarraban los burros las aldeanas de Txurdinaga que bajaban al mercado de la ribera y dejaban allí parte de su mercancía.

En aquella época el día 12 de agosto se celebraban las fiestas del barrio con música y actuaciones y participación de todos los vecinos.

Antaño el barrio disponía de unos accesos con portones imponentes de hierro forjado fijados a unas columnas que permitían el acceso a su interior por ambos extremos: uno desde la calle Zabalbide y otro hacia la zona del Karmelo.

Durante décadas, las procesiones que salían del Karmelo, recorrían el interior del barrio atravesando estas puertas. Actualmente, una de ellas está tapiada y la otra se cruza a través de los bajos de un bloque construido donde antaño existía un camino a cielo abierto.

Durante las últimas décadas la mitad de los chalets de Landeras fueron vendidos, al igual que las huertas que los rodeaban, y en sus solares se han construido bloques de viviendas.

Actualmente y desde mediados de los años 70, todo el barrio está rodeado de bloques de cerca de diez alturas que han engullido los chalets de Landeras. Existen ahora un total de 3 portales que constan de planta baja y dos pisos más las buhardillas que conforman las doce viviendas que permanecen como vestigio del barrio.

Texto Michel Ruiz

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