Desaparecida la vieja Tabacalera, los terrenos quedan como un tentador solar edificable y en ellos construyen un conjunto de viviendas económicas la Institución Viviendas Municipales. En la panorámica se ven los primeros bloques de pisos que brotan solitarios en una zona más bien campestre. A la derecha de la foto aún se ven restos de la Tabacalera que ya es historia. En la otra fotografía, los asistentes al acto inaugural de la barriada, en 1952. Entre los asistentes vemos al entonces alcalde D. Joaquín de Zuazagoitia, que tiene a su derecha a D. León María Martínez, párroco de Begoña, y a D. Enrique Guzmán, presidente del Consejo de Viviendas Municipales. Hay otros invitados, entre personalidades y espontáneos, y una alegre representación de ese estamento social que se denomina «pueblo en general».En esta vista, tomada desde Beguiris, se ve la última manzana construida en la zona de Párroco Unceta. Pero aún se mantiene en alto el estandarte del viejo Santuchu personalizado en la espadaña de San Francisquito, que se ve a la derecha en ese pequeño bosque que nos recuerda que hubo un día en que Santuchu era un barrio verde.LA TABACALERA 407 reales y 8 maravedíes; fue el importe de la compra realizada por la Diputación, que adquirió a D. José de Narvaiza, una casa principal y dos casetas contiguas, de San Francisco de Paula , llamadas de San Francisco ó Bustinza, en jurisdicción de la anteiglesia de Begoña. La compra se realizó en 1857, en que los edificios estaban ya construidos, por lo que la fecha de su edificación, se pierde un poco en los entresijos de la historia del barrio. Los edificios, fueron propuestos en 1866 para manicomio o casa de dementes, hasta que en 1878 la Diputación protestó por el llamado «estanco de tabacos» y acordó que, en caso de realizarse el estancamiento, se constituyera una fábrica de tabacos. Al acatarse la imposición del estanco tabaqueril, se decidió, (aunque al parecer no de forma oficial, sino oficiosa) destinar el edificio para fábrica de tabacos. De e s t a forma, el inmueble que vemos en las fotografías, con su aspecto de monasterio, más que fábrica de cigarrillos y picadura fumable, se transformó en lo que popularmente se conocería ya, para siempre, como «La Tabacalera». Y decimos para siempre, porque aún después de desaparecidos los vetustos inmuebles, aquella zona, hoy transformada como todas las del barrio en amontonamiento de viviendas, sigue siendo «La Tabacalera».En esta foto se enfrentan el viejo y el nuevo Santuchu. En primer plano, los alrededores de la ermita de San Francisquito, recuerdo de un barrio con edificios pequeños, árboles y césped. En segundo plano, el Santuchu moderno que parece avanzar como un monstruo de hormigón, devorando lo poco que queda del recuerdo. Aún se ven casas con chimeneas, símbolo de aquella urbe que vivía al calor del carbón.Desaparecida la vieja Tabacalera, los terrenos quedan como un tentador solar edificable y en ellos construyen un conjunto de viviendas económicas la Institución Viviendas Municipales. En la panorámica se ven los primeros bloques de pisos que brotan solitarios en una zona más bien campestre. A la derecha de la foto aún se ven restos de la Tabacalera que ya es historia. En la otra fotografía, los asistentes al acto inaugural de la barriada, en 1952. Entre los asistentes vemos al entonces alcalde D. Joaquín de Zuazagoitia, que tiene a su derecha a D. León María Martínez, párroco de Begoña, y a D. Enrique Guzmán, presidente del Consejo de Viviendas Municipales. Hay otros invitados, entre personalidades y espontáneos, y una alegre representación de ese estamento social que se denomina «pueblo en general».Viviendas del camino de Beguiris.